domingo, 22 de diciembre de 2013

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La vida de Adèle: Carta a todas las lesbianas cabreadas

“La vida de Adèle”
Título original: “La vie d'Adèle - Chapitre 1 & 2”
Director: Abdellatif Kechiche
Francía
2013

Sinopsis (Página Oficial):

A sus 15 años, Adèle no tiene dudas de que una chica debe salir con chicos.

Su vida cambiará para siempre cuando conozca a Emma, una joven de pelo azul, que le descubrirá lo que es el deseo, y el camino hacia la madurez. Así, Adèle crecerá, se buscará a sí misma, se perderá y se reencontrará... y todo ello bajo la atenta mirada de los que le rodean.

Crítica Bastarda:

No me gusta recurrir a clichés, generalizar y frases hechas pero, después las furibundas reacciones sobre “La vida de Adèle”, nadie entiende a las mujeres… y mucho menos si son lesbianas cabreadas. Es una indudable verdad que a las mujeres no se las entiende, se las quiere… y punto. Y por ese motivo (después del último punto) llega el arranque de esta carta de HAMOR a todas las lesbianas iracundas, esas mujeres que han defecado excrementos por su boca sobre esas alargadas y polémicas escenas sexo entre dos actrices heterosexuales, la deshonestidad de la propuesta y el oportunismo (conformista) de la cinta de Abdellatif Kechiche. Aquellas señoras que han clamado desde el bostezo contra la película que se ha ganado el corazón de la crítica (hiperbólica), alzado con la Palma de Oro en Cannes y que, en definitiva, ha sido nominada a los Globos de Oro, Satellite Awards, Premios del Cine Europeo o Independent Spirit Awards. Que si es una aburridísima fantasía pornográfica disfrazada de transcendencia y calado dramático, que si es morbo despreciable, que si no tiene argumento ni guión y muestra a gente durmiendo todo el rato (¡Warhol sólo hay uno, hijos de fruta gabachos!), que si las películas con grandes historias de amor tienen que ser tan castas como “Casablanca”, que si para ESO se inventó la elipsis y que si todo es un monotema sexual para crear polémica gratuita en un país hipócrita y falso. ¡Qué vuelan los Tomates Asesinos (castos y heterosexuales) a Francia YA! En definitiva y resumen, esta carta va dirigida a esas hembras que han criticado hasta la bilis el morbo gratuito de una propuesta reputada como pornográfica e irritante, enfocada únicamente al público heterosexual (corto de miras y voyeur nato, según ellas) para su material masturbatorio y segregación bucal. Porque al cine uno va a hacerse un dedo o una paja, ¿no?


Queridas lesbianas cabreadas, el (gran) cine vive muchas veces de la polémica y las largas secuencias de sexo que protagonizan Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux no surgen ahí por casualidad (ni furor escrotal o uterino), ni Abdellatif Kechiche estaba ocupado bajándose la cremallera durante el rodaje y extasiado dándole a la zambomba eludiendo decir CORTEN. No, se trata de una prueba de fuego para que el propio espectador se enfrente a sí mismo y a sus prejuicios sobre la aceptación de ver a dos mujeres que se aman practicar sexo (a tiempo real). Así de simple, así de natural. No hay nada más dentro de ese hiperrealismo en que queda enmarcada la propuesta… y vosotras, lesbianas cabreadas, no habéis superado la prueba porque habéis demostrado que realmente no os aceptáis a vosotras mismas ni a cómo os ven otros. Otra cuestión es que podemos aceptar la crítica desde el conocimiento y que deberían haber contratado a actrices lesbianas (o consultoras o asesoras homosexuales) que hubieran enseñado a las actrices a usar las manos (que luego van a la comida) y perfeccionar la ‘tijereta’ como plausible ejercicio de realidad. “La vida de Adèle” quiere, pretende y se desvive por ser un docudrama de amor en toda su extensión trascendental y, por si lo desconocíais amadas lesbianas cabreadas, la gente que se quiere también folla en cuadrupedia o en misionero, pero folla al fin y al rabo. ¡No tenéis la exclusividad de ciertas posturas ni inventásteis el kamasutra, hijas mías! 


El azul es un color cálido y aquí representa el amor. La puesta en escena de Kechiche circula sobre un ciclo vital de la propia Adèle: la vemos soñar, comer, caminar, bailar sobre una cambiante banda sonora, conversar desde la vacuidad al arte al relacionarse con otras personas, volver a su hogar, crecer y, por supuesto, fornicar. La propia película parece repetir esa aparente monótona estructura como si estableciera una vinculación orgánica pero también habita una transformación azulada de la protagonista, vampirizada por ese amor que emerge en su adolescencia y con el que se sumerge en la madurez, en ese mar de deseo que al final sabe a amor y en el que ahoga sus penas. Evita la devastación y exuberante tristeza del material original para sentenciar el sufrimiento significativo de ese camino de Adèle perfilado sobre el destino y ese contraplano final que invita a la despedida del espectador. No elegimos de quién nos enamoramos. Nadie lo hace. Y aquel torbellino de sentimientos a flor de piel, de realismo construido a base de diálogos en apariencia improvisados, gemidos, lameteos y miradas luminosas se convierte en un huracán de universalidad. En matices de un teatro que representa al amor condenado a fracasar y ser arrastrado dentro del recuerdo. Tan banal y física como profunda y emotiva, “La vida de Adèle”, queridas lesbianas cabreadas, sencillamente no os ha gustado porque sabéis que en realidad no habla sólo de vosotras sino de todos nosotros, de ese amor puro y la pérdida del mismo, del reencuentro y la separación sobre un telón en el que no importa el sexo o la orientación sexual. Porque, al final del cuento, todos somos una lesbiana cabreada vestida de azul que debe volver sola recordando el camino por el que anduvo previamente. Así es la vida, te llames Adèle o Ambrosio.

6 comentarios:

  1. Comparto tu opinión, "...porque sabéis que en realidad no habla sólo de vosotras sino de todos nosotros, de ese amor puro y la pérdida del mismo, del reencuentro y la separación sobre un telón en el que no importa el sexo o la orientación sexual..."

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  2. Genial, no pudiste decirlo mejor. Lo digo yo que soy lesbiana, no cabreada por fortuna. Y que tengo la suerte de también hacer tijera, dedos y más, tal como lo muestra la Vida de Adèle y, a veces, como no lo muestra.

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  3. Estoy en general de acuerdo en todo lo que plantean las lesbianas indignadas con esta película y también me rebelo contra la hipocresía y la imbecilidad de los críticos y festivales correspondientes. El sexo en el cine me parece un tema de lo más interesante porque muchas veces actúa como un reclamo morboso en si mismo que se desconecta del relato en el que está inserto. Desde luego la película que nos ocupa es un ejemplo claro de este efecto, y entiendo por ello la ira que ha provocado.

    La cuestión es: ¿es lícito mostrar sexo actuado en un relato? Yo pienso que sí, claro. Pero también es cierto que el carácter claramente perturbador de la visión de personas, aunque sea fingido, practicando sexo muchas veces no complementa la narración sino que ejerce como elemento distorsionante. Y, por supuesto, en “La vida de Adele” esto está llevado al extremo porque realmente las actrices están representando su sexo de una forma tan expícita que cuesta trabajo decantarse por si es sexo fingido o real. Para un espectador masculino heterosexual este momento claramente se desconecta del relato porque la excitación de ver esta fantasía es lo único que importa en ese momento. Y es normal que sea así. Lo lamentable es que el director y los críticos alabadores sean tan cínicos e hipócritas para hacer pasar este elemento determinante de la película como un hermoso complemento y no como un reclamo morboso, y por ende, comercial.

    Si quiero ver sexo, veo porno. Pero no me vendas cine con algo demasiado parecido al porno porque somos todos mayores y me estás tomando por tonto.

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  4. "La vida de Adele" es la película más machista que he visto en mi vida, además de perversa, tanto ella como sus intenciones, porque me parece repugnante cómo se abusó de estas dos actrices jóvenes por parte de un director ávido de morbo.
    Soy lesbiana y estoy muy harta de escuchar tantas alabanzas absurdas a esta película que no es más que el desahogo pornográfico de las obsesiones de un director déspota. Fui a verla ilusionadísima porque el cómic me había encantado y tenía las esperanzas de encontrarme con algo igual de bueno o quizá mejor, pero no puedo expresar mi sorpresa al encontrarme tamaña basura… Quince minutos de porno lésbico completamente gratuito e injustificado que ensucian el resto del metraje y actúan a modo de llamada de atención desesperada (así como llamada a la recaudación, a la audiencia y a la crítica masculina) para disculpar tres horas insustanciales, desaprovechadas y vacías, con lo que podía haber dado de sí una temática inicial tan fantástica. El director sólo se preocupó de rodar tijeras y cunnilingus, no hay rastro de la profundidad de la novela gráfica, de su estética cautivante, de su buen gusto, de su sensibilidad, de su despliegue en cuanto a temas y motivos… sólo sexo explícito, poses ridículas y morbo facilón para arrastrar a la gente a verla y convertirla en vouyers.
    Sin esas largas escenas de sexo la película habría ganado en dignidad y fuerza, precisamente es contraproducente a su causa este excesivo regodeo. En lugar de estas escenas (o de gran parte de ellas) se podría haber aprovechado metraje e incluir, por ejemplo, una escena de ataque homófobo de los que están tan tristemente vigentes en Francia u otros países europeos, eso sí contribuiría a una mayor sensibilización del público y no una escena como la de las tijeras con la que la película cae en el ridículo, se descalifica a sí misma y le da la razón a quienes afirman que es pornografía mostrada sólo con el propósito de excitar. ¿Cuál es la intención si no de regodearse de tal manera? ¿Si no vemos ocho orgasmos no entendemos la pasión entre ambas protagonistas? ¿O la “necesidad” de meter estos quince minutos de sexo salvaje era porque si no nadie aguantaría tres horas soporíferas viendo a una actriz con cara de empanada?
    Me pregunto cómo es posible que nadie (o muy pocos) vean lo que es en realidad esta película: una fantasía pornográfica de un director heterosexual, basándose en un juicio apriorístico de cómo follan dos lesbianas que no es más que su propio deseo puesto en imágenes (y además tiránicamente, en plan “vosotras tocaos hasta la extenuación que yo filmo mientras babeo). De haber sido dos hombres los protagonistas (o un hombre y una mujer), el director jamás se habría recreado así en una escena sexual entre ellos y la película no habría sido tan brillante para los críticos. Si la pareja hubiera sido heterosexual y si el sexo, aunque realista, hubiera sido tratado de manera más sutil, de esta película ni se habla. Y mucho menos se la premia. Pero claro, a los críticos heterosexuales les ha gustado mucho y por eso ganó Cannes…
    Por eso, lo que me escama de todo esto (aparte de que me es imposible simpatizar con un señor que ha hecho que sus actrices se sientan poco menos que abusadas…) es que el director ha reducido una historia compleja sobre el amor, la amistad, la intimidad… en una larguísima escena de sexo hecha desde el punto de vista de un observador masculino y heterosexual (qué sorpresa) que reduce a las lesbianas y a las mujeres en general en objetos hipersexualizados cuyas prácticas sexuales son y deben ser aquellas que despiertan los deseos de este público en particular. Como siempre, se reduce a las mujeres (lesbianas o no) a lo mismo. Objetos. Objetos con los que vender, comerciar, excitar… objetos masturbatorios y poco más.
    Esta película no hace ningún favor a la causa homosexual, más bien todo lo contrario.

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  5. Pocas veces una pelicula me ha llegado a calar tan hondo como lo ha hecho esta. Y soy hetero. Y homosexual. Y bisexual. Y lo q sea. Me da totalmente igual lo que soy pq esta pelicula, como bien dice el Master, habla del AMOR y del DESAMOR.

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