“Asalto y robo a un tren”, filme mudo e imprescindible de un pionero llamado Edwin S. Porter, resulta fundamental para estudiar el montaje cinematográfico por demostrar que la narrativa está asociada al plano y a la continuidad. Incluía un plano apoteósico que funcionaba como inserto al principio y final y no era otro que el de villano mirando y disparando a cámara, al espectador. Al igual que “Llegada de un tren a la estación” de los hermanos Lumière, donde los espectadores salían despavoridos al ‘recepcionar’ un tren ¡en una sala de cine!, el espectador que asistía a ese ‘disparo final’ quedaba horrorizado por una prematura (y virtual) muerte y ¡en una sala de cine!…

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