viernes, 3 de abril de 2015

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La serie Divergente. Insurgente: De cómo Tris Prior se tenía que haber convertido en peluquera…

“La serie Divergente: Insurgente”
Título original: “La serie Divergente Insurgente”
Director: Robert Schwentke
EEUU
2015

Sinopsis (Página Oficial):

“La serie Divergente: Insurgente” eleva las apuestas en favor de Tris mientras busca aliados y respuestas en las ruinas de una Chicago futurista. Tris (Shailene Woodley) y Cuatro (Theo James) son ahora fugitivos perseguidos por Jeanine (Kate Winslet), líder de la élite hambrienta de poder de Erudición. En una carrera contra el tiempo, deben descubrir aquello por lo que la familia de Tris sacrificó sus vidas con tal de proteger, y por qué los líderes de Erudición harán lo que sea necesario para detenerles. Atormentada por las decisiones del pasado pero desesperada por proteger a sus seres queridos, Tris, con Cuatro a su lado, se enfrenta a un desafío imposible tras otro al tiempo que descubre la verdad acerca del pasado y, en última instancia, el futuro de su mundo.

Crítica Bastarda:

Deje de lado la estrofa ocurrente y complaciente porque Divergente se volvió “Insurgente”. ¿Diferente? ¿Valiente? ¿Impaciente? ¿Creciente? Escupa su veneno de serpiente, evite hincar el colmillo y diente sino es de la saga creyente. No grite al mundo precipitadamente «‘Insurgente’, mándame un nuevo cerebro urgentemente, que ya lo perdí con ‘Divergente’» porque ningún oyente se creerá que repita accidente. En definitiva, olvide la rima evidente y céntrese en el presente, deje de lado la balada fácil con ‘la serie Divergente’ porque llega “Insurgente”. El conjunto queda sintetizado en un corte de pelo que no deja de marcar un impuesto cambio de look y estética. Se trata de pura pose y actitud ante el afianzamiento de un proyecto que desea ser tan pudiente como sugerente. Usted elige quedarse dentro o fuera. Imaginémonos que todo ese envoltorio mercadotécnico —de sagas juveniles y distópicas adaptaciones cinematográficas— se encuentra tras las vallas de ese futurista Chicago. Elija facción o huya del lugar, da la impresión de decirnos ese nuevo reino cuya bandera está compuesta de los colores emocionales del blockbuster. En cierto modo esos cinco perfiles definen el cine comercial actual ocupado en dar vida a esas dicotomías entre el género asignado y su propio significado y esencia. Veronica Roth hablaba de que la agresividad, la ignorancia, el engaño, el egoísmo y la cobardía llevaron al mundo que conocíamos al fin y surgió un nuevo rumbo para conseguir y aunar la paz. El discurso no es nada nuevo más allá de la sugerencia de un punto de partida para la épica con fecha de caducidad.


El problema es que los conceptos que defiende “La serie Divergente: Insurgente” —como implícitamente esa marca de la adaptación actual de sagas de aventuras juveniles— nos lleva a una falta de consecuencia, a una contradicción de esa reiterada diferencia como acto de supervivencia y proclama apasionada. No hay riesgo ni contraste ante esa segregación con objetivo de mantener la paz a cualquier precio. Diferentes generaciones han crecido con Harry Potter pero el futuro se presenta distópico y desolador. Hemos pasado de la succión vampírica de la primera regla (Edward Cullen) al furor y calentón uterino y marujil (Christian Grey). Katniss Everdeen se ha escindido entre Tris y Thomas, entre esas dos sagas que impondrán sus reglas cuando “Los juegos del hambre: Sinsajo – Parte 2” finalice su propia revolución. Las comparaciones siempre han sido odiosas pero las adaptaciones cinematográficas de Veronica Roth y James Dashner no eluden la asimilación mediante su rima. El fin de todas esas secuencias fantasiosas y oníricas de “Insurgente” ya no nos remiten a “Matrix” sino a la réplica previa de “El corredor del laberinto”. Cuesta ya diferenciar los roles de Patricia Clarkson y Janet McTeer entre esos experimentos cuyo único estudio y análisis interno es uno de mercado.


“La serie Divergente: Insurgente” no llega a la sextina, se queda en su propio y autoimpuesto pareado. Entre la consonancia del blockbuster y la asonante autoralidad, entre esa combustión de cuerpos cayendo y saltando —de bostezos y previsibles secuencias y argumentos con villanos sacados de un manual de clichés—, la cinta de Robert Schwentke trata de aferrarse a su condición de secuela y mecanismo interno de su saga. Las balas atraviesan la propia pantalla aunque desconozcamos su fatalidad al ser incapaces de traspasar nuestras retinas y corazones. Aquí no existe una concepción claramente estética y diferente, declinando sobre el argumento la limitación de una re/e/volución de la heroína por controlar ese terremoto emocional a la que es sometida. Su ira y culpabilidad envuelven su alma por los acontecimientos del anterior film y su recorrido hacia la catarsis no se diferencia del argumento de un videojuego de 8-bits. La metamorfosis, por lo tanto, es netamente superficial, un corte de pelo… ¿y un cambio de profesión? Tris Prior debería abandonar radicalmente su facción (y divergencias varias) y esas ínfulas de venganza para hacerse peluquera. Ese maravilloso y poético cambio de peinado con unas tijeras para cortar matojos—de plantas presumiblemente psicotrópicas— merecía algo más que una sucesión de postales románticas y secuencias de postín para lucir tatuaje y cuerpo sobre ese rocambolesco mensaje de los fundadores de esa sociedad tan ‘tróspida’ y artificial. Que el clímax épico de “Insurgente”, tras esas simulaciones dignas de un anuncio de detergente, pase porque los ciudadanos de ese Chicago disptópico y futurista salgan a las calles y protagonicen un anuncio de Aquarius no deja de remachar el absurdo de un viaje sinsentido, con nulo equipaje y, al parecer, las mismas provisiones que mollera.


Apuntes y recortes bastardos:

 Cordialidad definitivamente no fuma marihuana aunque la cara de Johanna (Octavia Spencer) diga lo contrario.

 La facción ‘homeless’ es una simulación o parte de los efectos secundarios de los sueros que se inyectan, ¿verdad?

 Sigo sin entender cómo continúan haciendo películas para un target que es incapaz de comprender la supervivencia de los personajes. Cualquier adolescente con dos dedos de frente se preguntará cómo son capaces de substituir sin smartphones, internet, videojuegos, televisión, redes sociales DJs o MHYV… entre millones de razones de peso como el nulo consumo de pornografía. Tal vez el mensaje que extraigamos de todo este asunto es que a esos adolescentes les falta un dedo. O ambos.

Reseña Redux publicada en Cinema ad Hoc

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