viernes, 19 de diciembre de 2014

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El Hobbit. La batalla de los cinco ejércitos: Haters Gonna Hate

“El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos”
Título original: “The Hobbit: The Battle of the Five Armies”
Director: Peter Jackson
EEUU
2014

Sinopsis (Página Oficial):

De la mano del oscarizado director Peter Jackson llega “El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos”, la tercera entrega de la trilogía basada en la novela de imperecedera popularidad 'El Hobbit', de J.R.R. Tolkien. “El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos” supone el épico final de las aventuras de Bilbo Bolsón (Martin Freeman), Thorin Escudo de Roble (Richard Armitage) y la Compañía de los Enanos. Los Enanos de Erebor han reclamado la riqueza de su patria, pero ahora deben de enfrentarse a las consecuencias de liberar al temible dragón Smaug, la Compañía desató sin querer una fuerza malvada en el mundo. Furioso, Smaug sobre los indefensos habitantes de Ciudad del Lago. Mientras es sucumbido por la enfermedad del dragón, el Rey Bajo la Montaña, Thorin Escudo de Roble, sacrificará la amistad y el honor en la búsqueda de la legendaria Piedra del Arca. Incapaz de ayudar a Thorin, Bilbo es obligado a tomar una decisión arriesgada y peligrosa; sin saber que las amenazas que les esperan son aún mayores. Un antiguo enemigo de la Tierra Media, Sauron, El Señor Oscuro ha enviado legiones de orcos a un ataque furtivo en la Montaña Solitaria. A medida que el mal se cierne sobre su creciente conflicto, las razas de los Enanos, los Elfos y los Hombres tienen que decidir si aúnan sus fuerzas o se abandonan a la destrucción. De repente, Bilbo tiene que luchar por su vida y la de sus amigos, cinco grandes ejércitos van a la guerra…

Crítica Bastarda:

Recomendaciones antes de soltar su odio sobre “El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos” para no quedar como una previsible criatura salida de un baño público de Mordor… para no parecer una bestia que gruñe, completamente sucia y desagradable, cuyos afilados colmillos siempre rozan esa lengua que escupe veneno y habla en una lengua prohibida, puntualizada como obscena por el resto de la sociedad:

Nunca diga que “El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos” y esta nueva trilogía se hizo por dinero y para lucrarse. No porque sea cierto sino porque es redundante y usted, criatura de Mordor, simplemente quiere utilizar la comparación respecto a la trilogía original como argumento. Perdone, esa idea esa absurda y bastante descerebrada. “El señor de los anillos: La comunidad del anillo” (2001), “El señor de los anillos: Las dos torres” (2002) y “El señor de los anillos: El retorno del rey” (2003) se hicieron por dinero y con las mismas motivaciones que las actuales películas por parte de sus productores. Las mismas. Es Hollywood y parte de una gran industria. ¡Hacen las cosas por dinero y no porque un hada mágica conceda el deseo a un director friki, por favor! El gran mérito de Peter Jackson fue en aquel entonces seducir a esa industria que únicamente pensaba en el proyecto como una única película, como un simple objeto para lucrarse. Jackson sigue siendo el mismo fan de entonces, otra cuestión es que la industria ahora le haya seducido a él con sus mismas armas: un libro, tres películas, apenas 310 páginas llevadas a la gran pantalla en una opulenta trilogía de-tono-dilatado-barroco-digital de 474 minutos… sin contar sus añadidos para sus respectivas versiones extendidas. Más prorrateo para enriquecerse. Es un negocio y sus modelos actuales pasan por reboots y franquicias. Si utilizan este argumento deberían odiar toda película mainstream… y no me hablen de los films de Marvel porque miren cómo salió huyendo de allí Edgar Wright por diferencias creativas con el estudio. Sin contar que vivimos en el mundo de las adaptaciones de sagas literarias juveniles tras las dedicadas a Harry Potter y Crepúsculo, piezas que han estigmatizado a los blockbusters actuales. Los Juegos del Hambre —todavía en cierres— ha dado paso a Divergente, Shailene Woodley es la ‘nueva’ Jennifer Lawrence, a copias sobre la copia que corren el riesgo de ser olvidables fotocopias. Los tiempos han cambiado y nos gustan más las adaptaciones de la literatura fantástica en formato televisivo gracias al buen trabajo que están David Benioff y D.B. Weiss sobre el material de George R.R. Martin en Juego de tronosexcepto a los puristas de ‘Canción de hielo y fuego’, claro. No es que Peter Jackson partiera rumbo a Aman con Frodo, Galadriel y compañía en 2003 con 17 Oscars e infinidad de reconocimiento sino que fue nuestra inocencia aquella que viajó a otro imaginario y lejano continente tiempo atrás.

 Tampoco vaya llorando por cada esquina diciendo que es más de lo mismo y que le recuerda a las batallas de “El señor de los anillos: El retorno del rey”… Vamos a ver, una cosa es que Peter Jackson haya querido mantener una coherencia interna y sea además el mismo director que hizo las anteriores. Es como si decimos que la secuela o precuela de una película dirigida por el mismo tipo nos recuerda a la anterior… poniendo la misma cara que un pensativo troll. ¿Cómo puede pensar alguien que iba a hacer algo completamente distinto y más teniendo en cuenta la mecánica de los grandes estudios? Si ‘algo’ funciona, se hace siempre (y siempre) ese ‘algo’ porque lo dice el que paga. Otra cuestión es que se llore por aquello que hubiera hecho Guillermo del Toro… Y esto no sólo pasa con el cine de Hollywood porque conviene revisar las declaraciones del director de “El laberinto del fauno” en Cannes cuando era cuestionado por repetirse e indicar muy acertadamente que allí iban los mismos tipos con la misma película cada año hasta que les daban la Palma de Oro. Más razón que un santo.


 No utilice el argumento de que todo parece un videojuego y un empacho de CGI porque actualmente todas las películas que utilizan efectos visuales para grandes batallas están paridas por el mismo corte. Todas. Recuerde Maléficay la batalla con la que abre la película, por ejemplo. Acuérdese, Peter Jackson está haciendo lo mismo que en su anterior trilogía y la película se desarrolla prácticamente en tres escenarios. ¿Cómo puede usted exigirle, criatura de Mordor, que aproveche los paisajes de Nueva Zelanda cuando están en el mismo sitio tres cuartas partes de la película? ¿Los mete vía random como una presentación de la oficina de turismo del país para que usted se sienta a gusto y feliz, por favor? Aquí, aquellos que hemos cambiado hemos sido somos nosotros y nuestra perspectiva. El enfoque de “El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos” es que el espectador vuelva a la inocencia perdida y a la trilogía original de esos espectadores que viven en su día a día dentro de otros mundos virtuales en toda clase de ‘black mirrors’, desde sus smartphones hasta grandes pantallas capaces de revelar la evolución visual del mundo del videojuego. Peter Jackson quiso llevar al cine a finales de los 90 las novelas de LOTR y la gran industria cinematográfica no parecía estar preparada en aquel entonces para un proyecto de tal envergadura (y tanto friki y rolero con su cosita dura) y eran tiempos en los que los videojuegos querían ser aventuras fílmicas con el comienzo de la incorporación de secuencias cinemáticas en aventuras pixelizadas. Ahora mismo los videojuegos han evolucionado tanto —y copiado tantas cosas al mundo cinematográfico y viceversa— que es complicado distinguir un mundo virtual de otro. Les recuerdo que WETA hace en la actualidad también hace videojuegos… Espero que suelten la misma shit cuando salgan el resto de partes de Avatar o cualquier película con efectos visuales… Además, ¿qué querían, orcos míos? Si Peter Jackson hubiera hecho una adaptación minimalista a lo “Lancelot du Lac” hubieran quemado los cines de manera violenta gritando fanáticos insultos en la lengua prohibida…

 Si usted, por el contrario, quiere lanzar ese veneno que surge de su bilis y emerge de sus afilados dientes, encontrará en “El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos” el mismo material y descalificaciones que ya utilizó tiempo atrás. Seguirá odiando-odiando-y-odiando, se sentirá decepcionado por el enfoque de la adaptación similar a una comedia involuntaria (mismo tono que utilizaba muchas veces en la trilogía original, por cierto), aunque Jackson siga siendo el mismo cabroncete que hizo “La verdadera historia del cine”. No importa, odiará todos sus recursos, por desperdiciar el tiempo (y despreciar el suyo) en ese triángulo romántico metido por necesidades hollywoodienses entre Tauriel, Legolas y Kili. ¡Usted ya critico de manera extrema cada uno de los segundos que apareció esa z*&&$-hija-de-orca llamada Arwen en LOTR! Aquí tiene más material para su colección de los horrores: secuencias ridículas y vulgares para nuevas introducciones a su célebre frase «Tolkien se estará revolviendo en su tumba», obtendrá más comparaciones con Transformerspor esa superior y risible dependencia de un CGI que hace el conjunto tan poco realista como los momentos ‘WTF’ de Legolas. Su secuencia homenajeando a Jesús de Nazaret en ‘Super Mario Bros’ provocará que su bilis salga a borbotones por sus globos oculares. Un apunte: es recomendable que se tape los ojos para no ¿verlos? lanzarse explosivamente contra la pantalla. También evite sus arcadas con esas instantáneas que quedan resumidas en esos cursos de formación militar que se perdieron los murciélagos y al que sí asistieron las águilas. Sí, usted sabía que no podía salir nada bueno de un director que antes parecía un friki más de la Comic-Con y ahora ha visto toxicómanos en Mordor con mejor aspecto. Sí, usted fue a ver la película, pagó la entrada y se quedó hasta el final de los créditos para escupir uno por a uno a los personajes que tanto aborrece mientras la canción de Billy Boyd (Pippin) y su ‘The Last Goodbye’ le ensordecía su alma y hacía sangrar sus oídos. No pierda el tiempo espetando por tercera y nueva vez lo mismo porque sabe que tanto (y tanto) odio no puede ser bueno para su salud. Eso sí, usted odiaba las anteriores, le dijeron en “El Hobbit: Un viaje inesperado” que «Las grandes historias merecen estar adornadas» y fue a esta última completamente engañado… Sí, sí, engañado después de haber escupido veneno sobre las anteriores. Sí, sí, soltando mierda y veneno después de El Hobbit: un viaje inesperadoEl Hobbit: La desolación de Smaug. Sí, sí, engañado. Sí, sí. 



 Por favor, y para finalizar, pare de decir al mundo aquello de «Soy fan de los libros y de la trilogía original de LOTR de Peter Jackson…» porque da la impresión de ser esa puntilla en busca de la aceptación social, ese cliché en su variante geek del mítico «No soy homófobo, tengo un amigo gay». Perdone hater, usted es una criatura de Mordor sin moral ni sentimientos. No tiene que explicar ni argumentar su odio. Es así. Debe cumplir con su papel y rol en este ecosistema. «Soy una persona muy tolerante, pero los enanos son peras y las elfas manzanas…». En fin (que es el fin), ‘Haters Gonna Hate’.


Realmente las preguntas que hay que hacerse sobre el rococó digital y el diván freudiano son las siguientes: ¿Desea Peter Jackson hablarnos sobre su propia codicia y mal para exprimir como esa gran industria uno de sus mayores ‘tessssssoros’? ¿Sobre su propia redención a través de la figura del torturado Thorin? ¿O el neozelandés se siente más como el codicioso, dickensiano y desagradable Alfrid Lickspittle, siendo una burla y caricatura que trata de encontrar una sonrisa cómplice al otro lado de la pantalla entre la épica dramática y el añadido y acaba recibiendo burlas y odio? ¿Como si quisiera gritar al espectador que todavía queda algo de ese Peter Jackson de la estupenda “El delirante mundo de los Feebles” entre irritante ceja y ceja? Supongamos que el director de “King Kong” ha quedado atrapado en su propia mecánica y reino, en esa repetición de un canto que ya no deleita igual que en el pasado, en esa Montaña Solitaria condenada a ser su propia tumba. “El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos”, por lo tanto, como una concepción amarrada a un molde que vive de rentas pasadas y que huele a pira funeraria sobre un fuego por el que ya hemos caminado. Es el fin, es cierto, pero Jackson necesitaba un principio y epílogo para dotar de sentido su regreso a esa comarca como alegoría de una felicidad de un tiempo que siempre fue mejor. He ahí el sentido de ese viaje en un mar de dudas, cual águila soportando el peso moral de un mago al que se le hicieron popó en su cabeza y nadie le dijo nunca nada.


Si uno se fija este título-sinopsis (“El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos”) es tan alargado como consecuente. Se trata de una gran batalla que, en realidad, habla de la codicia de esos cinco ejércitos. Esa lectura sobre la riqueza maldita, por la que todo ser mataría, interesa tanto como ver a Smaug como un gran dictador genocida con el que contaba Sauron para dominar Tierra Media. Pero lo atrayente de la propuesta de Peter Jackson es ciertamente su incursión en terrenos surrealistas —como los que propicia el conflicto y obsesión de Thorin— e ínfulas fantasmagóricas gracias a la concepción estética para formular el regreso de Galadriel, Elrond y Saruman tras su inclusión en “El Hobbit: Un viaje inesperado”. En esa secuencia, posiblemente la mejor del film, quedan sintetizados los intentos del cineasta por buscar unos conceptos sombríos conjugados en matices visuales más cercanos al cine fantástico de los años 60-70. También se siente su necesidad de dotar de un nuevo significado a esa extensión del material originario, de conferir un motivo y simbolismo no sólo a la obra tolkieniana sino reforzando el sentido de prólogo respecto a la trilogía de LOTR; esa simbiosis entre el oro soñado por la gran industria y las ansias de devoción de un fan por hacer realidad sus sueños. Recuerden, Guillermo del Toro era esa alternativa con idéntica esencia autoral en los márgenes mainstream. Interesa, por lo tanto, la lucha de protagonismo entre Thorin y Bilbo y el conflicto de su dinámica y enfrentamiento. Thorin ha querido ser ese objeto de réplica sobre Aragorn, el héroe condenado a la tragedia e influencia del pasado familiar, a su propia leyenda. Es el molde y canon impuesto por las necesidades de la reproducción, de esos grandes estudios que desean remachar viejas fórmulas. Bilbo es, por el contrario, el héroe apócrifo de la historia, aquel ser invisible y minúsculo que deberá servir de vaso comunicante con Frodo para completar la leyenda del anillo único. En ese regreso final a la comarca se siente el sentido final de la amistad, de la aceptación y convergencia entre ambos posicionamientos. Divisamos al propio director queriendo reencontrarse con su hogar, apartando cualquier reparto del botín por un sentimiento emotivo que dote de coherencia y emoción el momento. Jackson siempre se ha considerado como un hobbit y en cierta medida ese clímax luminoso rompe la frialdad y oscuridad impuesta previamente, con ese decrépito y yermo mundo en el que el único calor era aquel que surgía de las fauces de Smaug. El círculo (vital/existencial) ha finalizado. Ese retorno al irradiante hogar y, por extensión la propia propuesta, se simplifica en la figura de esa bellota porque la trilogía de LOTR fue aquel formidable y basto árbol lleno de vida que brotó de allí, capaz de hacer florecer la esperanza y el sacrificio. El Hobbit ha conformado ese germen, fruto y semilla que será ‘enterrada’ por muchos y que veremos florecer otros tantos.

Fuente: tumblr

P.D.: La película no es perfecta y faltó la presencia de Scrat cuando sacaron la bellota para ‘levantársela’ a Bilbo. Pero el único gran error de la película, inadmisible y que hace hervir mi sangre, cual criatura de la noche mordoriana, es que siguen sin incluir en los créditos a Jordi Hurtado como asesor de maquillaje y Photoshop de Cate Blanchett, Christopher Lee y Hugo Weaving. Imperdonable.

Reseña redux de la publicada en Cinema ad Hoc

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1 comentario:

  1. Pues aún quedan 4 películas más, espera te pongo los títulos:

    1. Sil
    2. Ma
    3. Ri
    4. Lion

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Lea antes los Mandamientos de este blog.

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