jueves, 24 de noviembre de 2016

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Puro genio: Pura… tontería de pseudociencia con bastante ciencia ficción

Serie de TV
“Puro genio”
Título original: “Pure Genius”
EEUU
2016

Sinopsis (Página Oficial):

Un joven titán de la tecnología procedente de Silicon Valley recluta a un veterano cirujano con un pasado controvertido en el inicio de un hospital de vanguardia, con el que dar un nuevo enfoque a la escuela de medicina.

Crítica Bastarda:

¿Bienvenidos a la revolución? ¿Puede convivir el mundo de Silicon Valley en un hospital? ¿De verdad nos importa? Podemos entender “Puro genio” como ese esfuerzo que están haciendo productores y responsables de las cadenas televisivas por dar una vuelta de tuerca del subgénero hospitalario. En pasadas críticas bastardas hemos repasado esa crónica de cancelaciones de proyectos condenados ya desde su propio nacimiento que alcanzó el súmmum de variaciones con Complications (añadidos de thriller y guiños a “El justiciero de la ciudad”), Critical(perspectiva a tiempo real con tono ultrarrealista) o Proof(combinación de “Anatomía de Grey” con Más allá de la vida de Clint Eastwood y prestados de Expediente X). Curiosamente lo único que está funcionando en el subgénero, con Code Blacken la cuerda floja de la cancelación, han sido los intentos de NBC de dotar de sentido su franquicia iniciada con Chicago Fire (“Chicago Med”) y esa propuesta inicialmente despechada por la cadena a la emisión veraniega (Turno de noche (The Night Shift)) que se ha convertido en una de la actuales producciones más longevas de su parrilla. En la ya cancelada “Puro genio (Pure Genius)” (en CBS no conseguir temporada completa es sinónimo de conclusión) su premisa nos lleva a la comunión de las mentes más brillantes en medicina con las más brillantes de las del mundo de la tecnología. Tal combinación nos presenta a un hospital revolucionario, más cercano a la ciencia ficción, con todo tipo de invenciones de estética claramente futurista para tratar enfermedades y casos en los que la ciencia moderna no podía dar respuestas o un tratamiento satisfactorio. Que James Bell (Augustus Prewnos diga que no construyó ese hospital para dar malas noticias no deja ser doblemente irónico: CBS ya le hado una que no deja de ser completamente póstuma. ¿Establecemos, por lo tanto, que todas las revoluciones están condenadas al fracaso? 


El problema de la serie pudiera ser que en realidad lidia con toda esa masa prototípica del subgénero hospitalario, alentando romances y maquinaciones que no desentonarían en la menos inspirada versión de “Anatomía de Grey”. Por supuesto, no falta la manipulación emocional, el reiterado uso de la banda sonora con canciones emotivas y melosas y, obviamente, dramas personales por doquier. Si busca algo de credibilidad médica en el asunto puede olvidarse de tomarse en serio “Puro Genio” ya que su premisa nos remite a un filántropo y multimillonario de Silicon Valley que desea tratar gratuitamente los casos más raros y extraños del ámbito médico y, de este modo, dar sentido tanto a la experimentación científica como a una rarísima enfermedad que seguramente acabe con ese cerebro que le convirtió en uno de los hombres más influyentes del mundo. Sobre tal punto, entra el juego de ver desfilar todo tipo de procedimientos y gadgets tecnológicos que podrían encajar a la perfección en cualquier film futurista que harán llevarse las manos a la cabeza a millones de médicos. Dudo que “Puro genio” desea hallar una credibilidad utilizando tales elementos sino buscar el entretenimiento bajo un halo de ciencia ficción por encima de exagerar ciertos procedimientos de la medicina moderna. El problema, no obstante y recuperando parte de lo planteado anteriormente, es que estamos ante un drama barato sin ideas y con personajes bastante trillados aunque sí variopintos como suele dictaminar el subgénero en el que se enmarca la propuesta. Uno de los pocos aciertos de la serie pudiera ser desprenderse de esa habitual burocracia que emanan las ficciones hospitalarias y rendirse a las maquinaciones e innovaciones en las que nos sumerge el equipo de James Bell tras hacerse con Dr. Walter Wallace (Dermot Mulroney) como nueva pieza fundamental a sus designios. Esa colección de figuritas también podría ser una hábil metáfora de los caprichos de un niño rico que, en realidad, está necesitado de que la ciencia pueda aportar respuestas y soluciones a su propia enfermedad. Lamentablemente tras su premisa, “Puro genio” es más de lo mismo y su pretendido ridículo cercano a la ciencia ficción tampoco ha atraído a una audiencia que ha dado la espalda a una propuesta que acabará con sus primeros trece episodios. Tampoco los medios norteamericanos han hallado ese genio del que tanto presume su título dentro de una ficción médica que adolece de corazón y cierta empatía por sus personajes. ¿Demasiada pseudociencia en ese reino de médicos y tratamientos revolucionarios? Al fin y al cabo, la propuesta creada por Jason Katims y Sarah Watson nos sirve como membrete a todo ese cúmulo de fallidos proyectos con el que las cadenas están tratado de buscar réplicas de éxito de “Anatomía de Grey” o “House, M.D.”. Otra más a la lista de fiascos y esta vez con la etiqueta: ciencia ficción tecnológica.

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