viernes, 24 de junio de 2016

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London Spy: El fin de las mentiras

Miniserie de TV
“London Spy”
Reino Unido
2016

Sinopsis (Página Oficial):

Un joven británico, fiestero y hedonista se adentra en un mundo de espionaje cuando su amante banquero, y un tanto solitario, desaparece.

Crítica Bastarda:
Que sepas la verdad es irrelevante. Nadie investigará, nadie te creerá.
Cancelada para una segunda temporada (y no por BBC), “London Spy” era de su concepción la crónica de una miniserie respecto a un acercamiento al mundo del espionaje bajo otro tipo de prismas dramáticos, focalizando todo su material sobre una relación romántica y los espectros de la verdad/mentira que la escoltaban en su rastro. Los libretos de Tom Rob Smith pudieran estructurarse sobre su propia concepción temática de los cinco episodios que componen la producción, siendo su primera entrega aquella que define todo ese concepto. La historia de amor de Danny (Ben Whishaw) y Alex (Edward Holcroft) establece desde sus ecos hitchcockianos el conflicto del personaje principal, que trata de descubrir a partir de ese punto de partida si toda su relación fue realidad o, simplemente, esa mentira que tanto medios de comunicación como investigadores policiales tratan de hacer ver al mundo. ¿Puede la mentira ser impuesta respecto a la verdad? ¿Vivimos en un mundo en el que todo es una gran y manipulada farsa? La paranoia se filtra en el intimismo del espíritu de la obra, que nos transporta además a otro tipo de discursos. “London Spy”, desde una perspectiva inteligente, también habla sobre el diseño y réplicas sobre las que asentamos nuestras vidas, donde hemos dejado de creer en las casualidades, donde hemos acabado sumidos en otra falacia con muchos rostros: nihilismo, egoísmo, hedonismo, vivir el día a día despreocupados de consolidar el futuro… Danny recibe una doble bofetada del destino: se enamora para centrarse en otra persona e imaginar una vida juntos y, al mismo tiempo, le es arrebatado y segado ese sueño repentinamente. Su relación y esa vida idílica con Alex se ven truncadas por un halo de misterio que ya podíamos respirar en esa punta del iceberg que nos era revelada. Y buscar respuestas simplemente sirve para ver toda la mentira que yacía alrededor de su relación y los secretos que mantenía ocultos el propio Alex…


La propia verdad acaba siendo un mcguffin en el que Tom Rob Smith desea también explorar en la nostalgia sobre ese subgénero invocando al director de “Encadenados”, con algunos ecos de El topo”, y el drama romántico como ese único elemento confiable que el resto de personajes trata de desvirtuar. “London Spy” es realmente la historia de una desaparición, como si ese esquema sobre el que ofrece su proposición la serie limitada deseara ofrecer un lado más humano y emocional del espionaje. Danny queda rápidamente atrapado en una conspiración que desea desacreditarlo y acallarlo, que la única persona que pueda alzar la voz para defender a Alex/Alistor (un espía del MI5 cuya identidad como banquero era parte de su máscara) acabe sintiendo el gran poder que se cierne sobre él, que lo amenaza, lo aprisiona cual insecto y que incluso es capaz de llegar utilizar a sus padres o infectarlo de VIH para poder dar fiabilidad a la versión oficial. Existe un juego dentro de ese cosmos de extrañas y difusas salas de interrogatorio policiales, como si fueran tan amplias como las mentiras que tratan de contener. La dirección de Jakob Verbruggen también se centra en recursos audiovisuales como el tiempo real establecida a modo de pesadilla en la que Danny no puede escapar cuando se realiza unas pruebas para saber si es seropositivo, alterado por ciertos elementos que los conspiradores han introducido en su propio apartamento. El protagonista rápidamente se va a dar cuenta que no puede confiar en muchos y aquí llegamos a la colaboración de Scottie (Jim Broadbent), que establece al mismo tiempo ese concepto del pasado y el sombrío mundo en el que ambos van a sumergirse para hallar la verdad mientras también tratan de arreglar el conflicto latente en su relación.


A partir de ese juego de cajas chinas vamos a ir descubriendo junto a Danny toda esa verdad respecto a aquello que le sucedió a su amado, a un alma gemela que escondía una gran cantidad de secretos y misterios que se irán deshilachando de esa inabarcable madeja argumental. Nuestro protagonista atraviesa todas esas mentiras tratando de dilucidar la verdad que se oculta en ese gran ovillo, como el descubrimiento de los padres de Alex, su auténtico nombre o los problemas en los que estaba metido y que seguramente propiciaron su ‘desaparición’. Danny, con la ayuda de un confidente y espía retirado, va adentrándose en ese vasto laberinto de falsedades pero, sobre todo, a aquella que otros quieren imponer en su propio testimonio. Víctima de una farsa, el héroe de la historia vivirá en sus carnes (literalmente) las maquinaciones y precio de ese relato íntimo que trata de mantener vivo, como si aferrarse a esos recuerdos le permitiera establecer un bastión para seguir su lucha y obtener incluso respuestas. Tal vez aquello que nos cuente “London Spy” es que el amor es la única verdad que nos podemos creer en un mundo plagado de hipocresía y mentira y que quizás vivamos en el efectismo del thriller, siendo una propuesta en la que sus propias inverosimilitudes y riesgos forman parte del encanto. Puede que al público no le convenza esa estructura de cajas chinas en la que última es tanto la más arriesgada como certera y críptica, estableciendo así el completo retrato propiciado por todo los involucrados en la vida de Alex, como si ese fantasma del propio relato reivindicara su existencia y la culpabilidad de todos aquellos que le llevaron al más allá. La serie limitada nos deja claro que su leimotiv es la mentira, ese mundo basado en que la gente ha convertido el engaño como un arte e imaginarse un mundo sin secretos es una utopía que los grandes poderes no pueden permitirse. He aquí también una comunicación con el discurso de The Imitation Game (Descifrando Enigma) donde Alex pudiera ser un relevo generacional de Alan Turing, tratando de interpretar a las personas como puzles. Sobre tal material “London Spy” se recrea incluso en sus propios créditos estableciendo códigos donde las matemáticas (la otra gran verdad) únicamente nos pueden aportar respuestas a ese mundo que nosotros mismos hemos complicado dando difusas soluciones a un problema que no admite grises sino sólo un par de posibilidades: verdad o mentira. Puede que dentro de esa mecánica el libreto de Rob Smith y la dirección de Verbruggen nos propongan un juego a la audiencia para que tratemos de hallar también soluciones, como cuando Danny encuentra a un accidentado Scottie en su casa e imaginemos cualquier trágica posibilidad con esa sangre previa. Mientras que la idea instaurada en su primeras entregas es que ese tono paranoico destape la locura, todo al final es infinitamente más simple, reiterando ese discurso en el que hemos dejado de ser individuos y acabando siendo patrones cuantificables. Nos guste o no, no somos especiales sino números en los que habita un ADN, una naturaleza cuando mentimos. Las palabras no existen aisladas, sino que siguen una serie de acciones y “London Spy” nos propone un detector de mentiras y huella dactilar para saber aquello que es verdad sirviendo una extraña conspiración de un universo construido y regido sobre disfraces, ficciones y farsas. Y pese a sus irregularidades o final abierto, la propuesta Tom Rob Smith acierta satisfactoriamente al establecer un diálogo entre el subgénero del espionaje, el drama íntimo y un espectro sociopolítico del gran poder que gobierna ese mundo que jamás podrá poner fin a sus mentiras. Y he ahí la gran aterradora tragedia (y gran verdad) que nos cuentan.

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