Efectivamente este es un mundo de distintivos, de imágenes en molde que nos guían hacía otra. Seguimos caminos invisibles de baldosas amarillas y ni siquiera nos percatamos en nuestra reiterativa rutina.

Me había percatado otros días de ese desliz en los indicadores pero lo atribuí a una reciente huelga y sus días previos. También se anunciaban, en aquellos días donde reinaba la oscuridad por un reciente cambio de hora, trenes sin servicio que contenían viajeros y pasaporte a destinos diarios pero esta vez el cartel coincidía con el de sentido contrario. Ambos iban al mismo destino. Un físico cuántico estaría contento de poner en práctica la paradoja de Schrödinger pero al contrario de sentir cualquier atisbo de incertidumbre, y pensar en que en aquel mismo instante era un gato encerrado en una caja con una partícula que pudiera romper una botella de gas venenoso y letal, la tranquilidad se apoderó de mi interior.
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¡Cabrones! |
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Nunca traspase una valla puesta por Welles |
Pero todas aquellas salidas simplemente eran acompañantes de un camino que sigue siendo invisible y no (o sí) transitable, como la mente de Charles Foster Kane al resto de personajes, como esa frase que nadie escucha en el momento de su muerte pero sabemos que fue escuchada. Rosebud. O como el cierre de “American Psycho” de Bret Easton Ellis y aquello de «ESTO NO ES UNA SALIDA».
Uno puede recordar aquel chiste en el que un ginecólogo ante la demora de su última paciente se sirve un gin-tonic. Al llegar ésta la recibe y la invita a tomarse una copa. Hablan relajadamente e intiman. Cuando ambos sienten que alguien forcejea la cerradura el ginecólogo se altera y le dice a su paciente: “Desnúdese y abrase de piernas que llega mi mujer”.
Todo encaja si el contexto encaja pese a su incoherencia y sentirnos como gatos bombardeados por partículas invisibles, veneno a granel y envasados al vací

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