viernes, 18 de diciembre de 2015

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Star Wars. El despertar de la Fuerza: Los ecos de la Fuerza

“Star Wars: El despertar de la Fuerza”
Título original: “Star Wars. Episode VII: The Force Awakens”
Director: J.J. Abrams
EEUU
2015

Sinopsis (Página Oficial):

Lucasfilm y el visionario director J.J. Abrams se han unido para llevarte de nuevo a una galaxia muy, muy lejana con la vuelta de Star Wars a la gran pantalla: “Star Wars: El Despertar de la Fuerza”.

Crítica Bastarda:
El hype es el camino hacia el lado oscuro, el miedo lleva a uno a convertirse en hater, ser hater conduce a transformarse en troll, ser troll lleva al sufrimiento y malgastar demasiado tiempo en internet. Veo mucho miedo en ti… y tengo una oferta y tarifa plana de fibra para ti…
La guerra de las galaxias. Episodio 666: El regreso de Jar Jar Binks
Yoda —como la ley de Murphy y los consejos de la abuela— nunca se equivoca. Tiempo atrás nos dijo que teníamos que vivir el momento, no pensar, sentir, utilizar nuestro instinto y, sobre todo, sentir la Fuerza. Así lo hicieron varias generaciones desde “La guerra de las galaxias. Episodio IV: Una nueva esperanza”, aunque el lado oscuro se apoderara de gran parte de la audiencia tras esa nueva trilogía que dotó tanto de sentido el origen de la serie cinematográfica como embutió de milicrodianos una decepción generalizada con un simple dato: aquello que más se ‘recuerda’ —y se nombra— sigue siendo la inolvidable (?) figura de Jar Jar Binks, uno de los disfraces más aterradores de Halloween 2015 y protagonista absoluto del mejor tráiler alternativo del año. La sensación, por el contrario, es que ese sueño un tanto pesadillesco que supuso la último ‘trilogía’ fue hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana… Es hora de despertar y mirar al nuevo firmamento fílmico en el que ha quedado enmarcado el ‘Episodio VII’, la película que por primera vez repite número de la serie. Se trata de constatar una actualización y puesta al día, siendo J.J. Abrams consciente de una franquicia que sigue siendo tan vigente como integrada y fundamental en la cultura popular. Puede que el director encargado de resucitar a Star Trek, a golpe de efectivo y reivindicado reboot, no tenga en esta ocasión la libertad de explorar universos alternativos para dar sentido a una apropiada y fecundada resurrección. El director de Super 8, por lo tanto, se encuentra encorsetado y obligado tanto a encajar el film en los moldes de la saga como para dar coherencia a una nueva trilogía —y una serie de antología focalizada en diversos e icónicos personajes—. Es evidente que The Walt Disney Company quiere exprimir el universo de explorado en las producciones de Lucasfilm y cuenta con un bagaje satisfactorio tras la compra de Marvel Entertainment y multitud de cintas que destacan entre lo mejor del cine de superhéroes. La cuestión, por lo tanto, vuelve a ser si merece analizar la calidad del producto entre las imposiciones de la industria que lo genera o investigar el talento de los autores que se acercan a formar parte de los engranajes y mecanismos que lo perpetúan. Obviamente los trolls están utilizando el lado oscuro de la red tanto para lanzar spoilers asesinos como para destrozar la película delimitando su concepción como mera ‘copia’ de los films originales. Aunque a algunos les gustaría pensar en el fanfilm más costoso de la historia del cine, realmente Abrams no puede despuntar en una película sin apenas espacios creativos al posicionarse en una equidistancia entre aquello que pedían a gritos los warsies —y seguidores de la saga— y el propio estudio que la ha resucitado. No conviene, por lo tanto, ni infravalorar sus virtudes ni exagerar o deformar sus defectos con el consecuente peligro de caer en el lado oscuro por miedo al hype.

La fortaleza de un jedi fluye de la Fuerza. Pero cuidado con el lado oscuro: merchandising y videojuegos por doquier, miles y miles de figuritas, exposiciones cada semana, una convención al mes; de la Fuerza del lado oscuro son. Fácil fluyen rápidos al sacar la cartera. Si una vez tomas el sendero capitalista del lado oscuro para siempre dominará tu destino. Te consumirá, al igual que lo hizo con mis ahorros.
No es que sorprenda que “Star Wars: El despertar de la Fuerza” sea un film sólido y espectacular, ya es que la mínima condición que se le puede exigir a una superproducción faraónica que desea posicionarse en lo más alto de esa pirámide que conforma una ya inabarcable franquicia. Más allá de la propia saturación del merchandising y su confusión con el product placement, la propuesta utiliza una estructura clásica de un film de aventuras articulándose sobre la búsqueda a través de un ‘mapa’ de un tesoro llamado Luke Skywalker. Allí también está esa otra invisible ‘Fuerza’, ese sentimiento representativo que se alza con sus tentáculos sobre la audiencia, que establece ese constante ‘juego’ de conexiones. Aparte de Max von Sydow con “Flash Gordon”, el film cuenta con numerosos guiños/paralelismos a la serie cinematográfica así como múltiples ‘easter eggs’ enterrados en esa arena del desierto que nos remite a Tatooine. Y he ahí la estrategia emocional. Se trata de trasladarnos a otro ‘planeta’ y rincón del espacio fílmico, que el tiempo delimite la obra los cambios de roles, que ‘enfrente’ a planetas desérticos con androides para revelar que hay mucha más inexplorada galaxia frente a nosotros. Siempre tendremos constantes como una nueva Estrella de la Muerte, pero la autoconsciencia del producto nos remite al mastodóntico proyecto. Todo ha de ser más grandioso, más rimbombante, más explosivo y mortífero dentro de esos fuegos de artificio que mantienen sus credenciales. Eludamos los lugares comunes, los regresos como el de John Williams y los reencuentros del casting original. En realidad, “Star Wars: El despertar de la Fuerza” habla sobre la propia reunión del público con sus sentimientos respecto a un material sacralizado. La cinta incluso pudiera ser catalogada de previsible a tal concepto, siendo una revisión constante de la trilogía ‘original’, pero Abrams amolda el discurso a ese homenaje sobre réplicas, estableciendo ecos de la Fuerza que ya se trasladan en el tiempo y por todo ese nuevo espacio conjurado. Hablemos de la magia del despertar, de la emoción implícita en el alma de un film que nos habla sobre la imposibilidad de acabar con el mal, estando el universo condenado a la tiranía y estableciendo una invariable rebelión que trate de oponerse a su poder. El ciclo se repite, una y otra vez. ¿Y nosotros encantados o conducidos por los trolls de internet al lado oscuro?

Mucho que aprender (para ser un auténtico ‘warsie’ o troll del lado oscuro) todavía tienes. 
Pasemos, mediante una transición y cortinilla, a centrarnos en la esencia y corazón de la propuesta por encima de la voluminosa mercadotecnia de su pulpa. “Star Wars: El despertar de la Fuerza” se resume en la eterna lucha del bien y el mal, en esa serpiente atrapada en un mordisco y círculo sobre sí misma, en ese ciclo y curva condenados a repetirse. La mecánica sigue siendo la misma. Las acciones de los Jedi engendran el crecimiento del lado oscuro de la Fuerza en su propio seno dando nacimiento y forma a sus mayores demonios y, éstos, vuelven a desencadenar el ciclo mediante sus acciones para equilibrar una balanza de esas fuerzas opuestas y complementarias. Ese concepto tan manoseado dentro de la propia franquicia se acomoda perfectamente en los discursos abramsianos sobre el destino, englobando un todo en esa permuta de caras del mal. Los Siths dieron paso al Impero y ahora la Primera Orden con Kylo Ren ratificando ese ciclo que nos traslada a un revelo, siendo los nuevos personajes réplicas de sus antepasados y/o progenitores, condenados a redundar sus errores. “Star Wars: El despertar de la Fuerza” se modula sobre la paternidad, sobre el descubrimiento de muchos espectadores respecto a ese otro «padre» que sigue presente, pese a su actual ausencia. La propia saga que creó George Lucas ha sido el otro ascendiente emocional al otro lado de la pantalla de varias generaciones y el film trata de plasmar ese reencuentro esquivo tiempo atrás. La cinta, no obstante, también funciona tanto como blockbuster y al mismo tiempo construyendo un conjuro cinematográfico sobre esos ecos de la Fuerza respecto a ese sentimiento cíclico de la propia industria, evocando viejas leyendas y transformándolas en objetos palpables y moldeables. En ese sentido, J. J. Abrams entabla un diálogo sobre la nostalgia, el paso del tiempo y el homenaje, como si fuera un adulto jugando con un quebrantable e icónico juguete de su infancia. Posiblemente destaque el gran plano final de la película dentro del conjunto como broche final e idóneo a esa emoción que todavía queda en espera. Se trata de un ‘despertar’, de que la fuerza del director de Star Trek: En la oscuridad sea dotar a la imagen de un protagonismo perdido, de que alcance su propia entidad e historia. Puede que previamente nos sintiéramos como Luke Skywalker, exiliados por el propio pasado, esperando que una nueva generación nos tendiera la mano hacia nuevas aventuras tras decisiones erradas. Existe, ciertamente, una lectura sobre la reconciliación de la audiencia respecto a la propia serie de películas, posicionándonos en el punto de vista de Rey (Daisy Ridley) y su búsqueda por encontrarse con aquel que también puede entablar las respuestas sobre su enigmático pasado. Y, de nuevo, regresa ese sentimiento onírico de la Fuerza, de retornar a un ciclo condenado a repetirse, a quedar perpetuado en ese sueño que bien pudiera ser un holograma de un robot proyectado en una gran pantalla, una quimera surgida de los archivos (y films originales) de un autómata. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?


Apuntes bastardos (sin spoilers):

— La película se tenía que haber titulado “Star Wars: El despertar de R2-D2”.

— El film está plagado de un agradecido material para los fans de la saga. Por fin, sabemos de qué hablan los stormtroopers mientras hacen guardias y que el ejército de clones fue la mayor estafa interplanetaria. Un poquito de diversidad en la mano de obra siempre viene bien, que limpiar esas bastas instalaciones del mal requiere oficio y talento. Además, ya tienen puntería y se merecen un spin-off para ver cómo consiguen conciliar sus tareas diarias con los entrenamientos y, sobre todo, sus dramas personales de llamarse como el último modelo de un electrodoméstico y las confusiones que pudiera generar.


— La nave ‘Magnum’ del tráiler sigue siendo una de las cosas más bonitas que le he pasado a los memes de 2015. Y BB-8 genera infinitas instantáneas para el recuerdo aunque no llegue al nivel de nuestro ‘hamado’ Jar Jar Binks. De venta en su juguetería más cercana. Aunque, ¿qué no está en venta de todo aquello que sale en la película? 

— Me congratula afirmar que gracias a esta película muchas niñas dirán a sus madres que quieren ser chatarreras. ¡Un ciclo de grado superior ya!

Reseña redux de la publicada originalmente en Cinema ad Hoc

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5 comentarios:

  1. En la review con spoilers vas a hablar de los actores? Porque la joven que hace de Rey merece ser destacada, una total desconocida que es el motor de la pelicula.

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    1. Espero hacer un destripe después de las navidades, plazo de cortesía.

      Gracias por el comentario y saludos, Hernan. :)

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    2. 19 de febrero... y el destripe? :-D

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    3. Sí, era la intención... pero, al final y por falta de tiempo (como casi siempre), los especiales no verán la luz hasta la salida en blu-ray / DVD. :/

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  2. El detalle del mensaje de Yoda me encantò de tu review, te lo voy a robar!

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