sábado, 18 de marzo de 2017

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Iron Fist: ¿De verdad que Puño de Hierro es la Batman v. Superman de las series de televisión?

Serie de TV
“Iron Fist”
EEUU
2017

Sinopsis (Página Oficial):

Danny Rand reaparece 15 años después de ser dado por muerto. Ahora, armado con un increíble poder, tratará de recuperar su pasado y cumplir su destino.

Crítica Bastarda:

¿Qué es Iron Fist? ¿Un juguete sexual?

Precedida de terribles críticas, que la sitúan con la etiqueta de la Batman v. Superman de las series de televisión, la llegada de “Iron Fist” posiblemente confirme que trasDaredevil y Jessica Jones la nueva hornada de espectáculos de Marvel en Netflix no está alcanzando la asiduidad de sus predecesoras. Muchos se dejaron seducir por Luke Cage aunque las (muchas) debilidades, que ya percibimos algunos, se acrecientan en la propuesta creada por Scott Buck. No es que nos encontremos ante una pésima o mediocre proposición pero, no obstante, sus problemas son estar lejos de unos mínimos que podemos exigir los telespectadores. El viaje de Danny Rand viene delimitado por la dicotomía que se establece entre la separación de ese mundo real en el que trata de adaptarse y aquel extradimensional (y celestial) que dejó atrás. Sobre tal conflicto surge la lucha por la identidad, teniendo que elegir el protagonista entre matar a Daniel Rand para que Iron Fist pueda vivir (y viceversa). Pensemos en que el tema más surgente de la nueva proposición de Netflix lo enmarcan las elecciones de los personajes por someterse a la voluntad de otros (generalmente sus progenitores) o escribir las líneas de su destino. Dentro de esos sellos argumentales, Danny Rand da la impresión de utilizar su juramento para una finalidad mayor como máscara a sus terrenales acciones que le van a transformar en un nuevo superhéroe para Nueva York. “Iron Fist” acierta sobradamente con su discurso para introducir a último miembro de “The Defenders” pero, por el contrario, fracasa en dar sentido y sentimiento a tramas y personajes secundarios. 


La sensación constante que nos deja la nueva serie de Netflix es que muchos episodios parecen material de relleno sin demasiado que contar. Tal vez la fórmula funcionase previamente pero, ahora, denota encontrarse cansada y reiterando constantemente lugares comunes. Aunque “Iron Fist” fue acusada de parecerse demasiado a Arrow(que a su vez fue acusada en sus inicios de parecerse demasiado a Batman Begins) la realidad es que en sus primeros compases da la impresión de ser un mix de “Entre pillos anda el juego” (sin Eddie Murphy) con “The OA” (cambiando sus coreografías avant-garde por artes marciales). Superado y avanzado el asunto, todo se centra en la búsqueda de la identidad de Danny Rand y sus intentos de recuperación de viejos lazos familiares mientras lidia con sus poderes místicos y celestiales del Puño de Hierro. Quizás aquí Scott Buck haya perdido la oportunidad de conciliar un espectáculo clásico norteamericano de superhéroes con otro de tintes asiáticos bajo el mandato de las artes marciales y algunos acercamientos al wǔxiá. Desequilibrada la balanza, debido principalmente al tedio, “Iron Fist” trata de enderezar su rumbo utilizando esas capas dramáticas más afines a una telenovela familiar alejándose contrariamente de ejercer como esa serie repleta de acción a la que pudiera apuntar el imaginario y las expectaciones de la audiencia. Uno de los alicientes para que continuemos con el visionado de los trece episodios, que componen su primera temporada, es cómo los escritores han reutilizado viejos personajes del resto de espectáculos de Netflix/Marvel para adentrarnos dentro de ese universo que inició Matt Murdock en 2015. Existe una línea interesante al comparar las maquinaciones criminales de La Mano con aquellas corporativas de Empresas Rand. En realidad, no existe ninguna moralidad entre vender veneno como drogas o provocar que personas inocentes mueran o enfermen por los residuos tóxicos de una fábrica con una completa impunidad dentro de un marco legal. También sobresalen los planteamientos visuales en muchas secuencias de acción, utilizando los escenarios y la iluminación como elemento integrador de esa lucha de luz y oscuridad. “Iron Fist” tampoco desea ceder a blancos y negros dentro de su lucha del bien y el mal sino revelar percepciones de La Mano en personajes como Madame Gao y misteriosos nuevos intérpretes, que van desear manipular Danny Rand mientras éste trata de hallar toda la verdad respecto al accidente que tuvo junto con sus padres. La serie, además, trata sobre el retorno de la muerte a través de conceptos ya divisados en la segunda temporada de Daredevil. De este modo, el regreso entre el mundo de los vivos del héroe contrasta con el propiciado por el de Harold Meachum y el mito de Frankenstein. En ese mundo de monstruos, habita asimismo un cuento de niños que todavía no han crecido en ese universo repleto de oscuridad. 


Es evidente que Danny Rand vive atrapado entre dos mundos y dos huidas condenadas a enfrentarse. La regresión a la infancia de los personajes facilita los conceptos emocionales para acoplarse en los conflictos de los protagonistas, generalmente atrapados en un mundo complicado en el que tienen que ejercer como meros objetos a los intereses de terceros. No se puede decir que exista madurez en Rand o los Meachum, actuando como niños que enterraron su rabia y dolor en traumas que todavía perduran. Es posible que si no fuera por la presencia de Rosario Dawson (y de Carrie-Anne Moss al comienzo de la temporada) poco o nada nos interesase demasiado el arco de una historia poco convincente y atrayente, limitada por una falta de ideas que pudiera ser preocupante de cara los nuevos proyectos de Marvel dentro de Netflix. Si Agents of S.H.I.E.L.D. se ha caracterizado por una brillante renovación, temporada a temporada, “Iron Fist” no sorprende en absoluto en ninguno de sus tramos y en líneas generales aburre por su lentitud a partes iguales. Aunque la serie trata de marcar un halo psicológico, habitualmente sobre los conflictos y neuras de su héroe, la profundidad del conjunto es tan mínima como escueta. Hasta “Guiar el caballo de vuelto al establo” (1x11) no empezaremos a completar esa historia de los orígenes de Puño de Hierro y esa arma inmortal que tampoco encuentra un auténtico villano en plenitud. Entramos en la zona de supuestos spoilers y en el acercamiento de La Mano con dos bandos enfrentados en su interior. Por un lado, tenemos a Madame Gao que actúa como la líder de una misteriosa organización criminal que sirve a los escritores para trazar una sátira sobre las corporaciones y el enfermizo mundo de las nuevas drogas de diseño. Por otro, surgen Bakuto y Harold Meachum como pseudovillanos de un filme de James Bond que desean dominar el mundo (o sus propios imperios) a través de sus maquinaciones y control/vigilancia de la sociedad (sin que éstos sepas que están siendo controlados/vigilados). Iron Fist, en cierto modo, se convierte en un peón de dos bandos enfrentados permitiendo ese discurso alrededor de la identidad de su protagonista. ¿Quién quiere ser Danny Rand? ¿Puede ser Iron Fist y Danny Rand al mismo tiempo? ¿Qué es lo que quiere ser esta serie? ¿Un espectáculos de artes marciales o un culebrón sofisticado de crímenes y bajas pasiones? Al fin y al cabo, «la duda conduce a la muerte» y podemos afirmar que “Iron Fist” está repleta de vacilaciones e indecisiones. ¿La enterramos ya o en una serie en la que uno de los temas principales es el honor y el regreso de la muerte debemos esperar a una resurrección para enaltecerla? 



APUNTES BASTARDOS

Tal vez Davos tenga razón: este mundo (serie) sea uno por el que no merece la pena luchar. Aunque aquí la cuestión es que si Davos estaba tan a disgusto en ese mundo (donde la mejor pizza es pegajosa), ¿por qué se queda par malmeter a Joy Meachum mientras Madame Gao aka La Cotilla del Pueblo sonríe con placer por la proposición indecente? La idea es que Danny piense en volver a K'un-Lun con Colleen para descubrir que unos monjes de La Mano se encontraban allí muertos y aquel que fue su hogar por quince años ha desaparecido. ¿Qué ha pasado? Y, sobre todo, ¿qué hará nuestro héroe (si es que nos importa lo más mínimo)?

 Claire Temple (Rosario Dawson) sigue sin cobrar a esta panda de gentuza con poderes que se aprovecha de su confianza y que le obliga a ejercer como si fuera un gabinete psicológico. ¡Ya no tiene ni antibióticos ni costuras para los puntos! ¡Pero si la pobre tiene que utilizar una grapadora! Más claro es imposible decírselo a estos tipejos a la cara: tienen graves problemas psicológicos y un cacao en la cabeza que ni Norman Bates. 

 Otro de los puntos alrededor de Claire Temple es su necesidad de fornicar y follado de maromos que se asoman en su presencia. No sabíamos si tras Luke Cage estaría de capa caída y, efectivamente, así es. Davos está más preocupado de proteger el paso a K'un-Lun que del paso a la entrepierna del placer. Pena… penita. 

 No obstante, si no hay polvo de Claire Temple al menos tenemos su momento ‘How It Should Have Ended’ de su personaje. Si La Mano tenía dos facciones, ¿por qué una no decidió llamarse ‘La Manita’, por ejemplo? ¿Llamarse igual no era la decisión más estúpida o, por el contrario, no es la mejor parodia alrededor de una secta? 

 Por favor, que nadie haga chistes utilizando Loras enGame of Thronesy el caballero de las Flores con ese Iron Fist blandengue, inocente, dulzón y llorón. Al menos, la serie ya lo ha dicho en sus diálogos: ¿Qué es Iron Fist? ¿Un juguete sexual?

 La serie te puede dejar indiferente pero despierta la curiosidad en una pregunta que no es respondida: ¿Si Iron Fist te hace un ‘Fist Fucking’ acabas siendo un Gusiluz humano? 

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