miércoles, 30 de noviembre de 2011

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The Artist: No digan vintage, digan “The Artist”


“The Artist
(2011)
Francia
Director: Michel Hazanavicius

Sinopsis (Página Oficial):

Hollywood, 1927. George Valentin (Jean Dujardin) es una estrella del cine mudo al que todo le sonríe. La llegada del cine sonoro marca el final de su carrera y lo lleva a caer en el olvido. Pero la joven extra Peppy Miller (Bérénice Béjo) empieza a ser propulsada hacia el firmamento de las estrellas. “The Artist” cuenta la historia de estos dos destinos entrelazados.

Crítica Bastarda:

El prestigio crítico gafapastil y cinematográfico, Jonathan Rosenbaum, dilapidó al filme de Michel Hazanavicius ya que su visión del final del cine mudo en Hollywood(land) le parecía totalmente falsa, tanto estilísticamente como en lo que se refería a los detalles históricos. Uno de los recursos que definitivamente le apartó de la historia y le imposibilitó tomarla en serio fue la utilización de la banda sonora de “Vértigo”, el mítico filme de Hitchcock realizado casi treinta años después.  Y es que si alguien pretende tomar “The Artist” como un filme mudo desenterrado en nuestra era como fue la intención de “The Call of Cthulhu”, ese intento de crear una película fósil que no vimos pero que pudo existir y se generaba de las entrañas del pasado, quedará igual que un rígido historiador al visionar “Malditos bastardos” de Quentin Tarantino. Tal vez tengamos que malentender la historia y romper reglas para que pueda tener cabida en el presente y  precisamente es de lo que nos habla “The Artist”.

La recreación sobre lo imposible
Las intenciones de Michel Hazanavicius son completamente distintas a recrear simplemente y a tiralíneas el cine mudo, lo imposible, ya que parece respaldarse completamente en el sonoro. Ese cine que todavía monopoliza  la cultura contemporánea donde queda enmarcada la propia “The Artist”, para desde ahí generar un homenaje al pasado... en esa industria que clausuró ese cine mudo por una cuestión meramente económica. Las reglas que crea son sobre filmes sonoros como “Ha nacido una estrella”, “Cantando bajo la lluvia”, “Cautivos del mal”, “Ciudanao Kane”… sobre la estética y sensibilidad silente de Murnau, Vidor, Stroheim, Niblo y un largo etcétera. Pero más allá del juego de referencias brutal la película es prudente con las normas que plantea, aparentemente inquebrantables, pero también es consciente de su posición y perspectiva para tantear las posibilidades de romperlas. Tal vez cuando se desplaza la historia la emoción queda malentendida hasta que uno se da cuenta que es pura emoción, al fin y al cabo.


La historia de amor que cuenta Hazanavicius no es más que una excusa y metáfora para un cuento sobre la vida y el cine: no podemos olvidar lo pasado porque no encaje en moldes presentes. Hay que seguirlo y mantenerlo en un sepulcro aunque ese propio pasado quiera encender una llama y pira funeraria que le haga desaparecer. Hay que amarlo en silencio y en secreto pero amarlo, en definitiva. Seguir sus pasos para no perderlo y protegerlo. Jugarse la propia vida para alcanzar ese momento en el que tenga un espacio en nuestro presente y que sea aplaudido (sonoramente) por aquellos que lo enterraron.  Un momento, ¿y qué pinta aquí ese maravilloso perro que tiene que tener más años que Matusalén y que se convierte en lo mejor del recital? Nadie es perfecto, aunque a partir de ahora no digan vintage, digan “The Artist”.

3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. The Artist, The Artist, The Artist!

    Me parece que iré a verla otra vez al cine, he dicho.

    Psdt: Me siento más tranquila sabiendo que Jonathan Rosenbaum echó pestes de ella; no vaya a ser que a estas alturas se crucen nuestros caminos y tengamos un susto jajaja

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  3. Hola Sidhe!

    No te he contestado!! Qué FAIL! Pues ya ves, aunque Rosenbaum diga-digo... al final mandan los Oscars...

    Saludos!

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