
“No sé de qué trata mi vida ni quiero saberlo. Mi vida se define a sí misma cuando la vivo. Las películas se definirán a sí mismas cuando las haga.
Antes que el diablo sepa que esta entrada ha muerto y llegado a su fin la crítica a su última película:
Para muchos, la película del año. Abre con una secuencia-gancho y digo lo de gancho en ambas vertientes: por su comercialidad y por su impacto (gratuito o no). Muy a lo “Intimidad” de Patrice Chéreau: Philip Seymour Hoffman se trajina a Marisa Tomei al estilo perrito. Después viene el diálogo. Manera interesante de presentar a uno de los personajes principales por parte de Sidney Lumet.
“Antes que el diablo sepa que has muerto” es un thriller-griego-tragi-dramático donde se nos muestra la repetición de un atraco desde diferentes puntos de vista para añadir nueva información. No es nada nuevo e incluso esa rememoración de los instantes puede recordar al montaje de “El prestamista” del propio Lumet o invocar esa mediocre moda extraída del mundo del clip de colapsar las retinas con flashes a lo “Saw”.
Es una cinta resuelta con oficio y encanto marcado por el mero hecho de quién lo firma. Dudo que muchas de las publicaciones que la encumbraron como lo mejor del año lo hubiese firmado un desconocido. No obstante, es un filme con pulso, con pequeños momentos de buen cine, notables interpretaciones y dirigida con oficio y beneficio. Apela a la tragedia griega pero a toda la narrativa clásica incluyendo prácticamente los siete pecados: la avaricia, la envidia, la lujuria, la soberbia y finalmente la ira… aunque destaque simplemente la mala suerte puede ocasionar repercusiones nefastas. Cada vez se hunden más irremediablemente los personajes por moverse por arenas movedizas y enredarse en las agarraderas del destino hasta desencadenar en un rayo final que amplifica la tragedia griega que nos cuentan entre sexo, sangre, dinero y asesinatos.
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