
Llegados al quinto episodio de “American Horror Story: My Roanoke Nightmare” no cuesta demasiado comprender las intenciones de confeccionar un gran clímax plagado de (auto)homenajes para festejar las cinco temporadas anteriores de la antología planteada por Ryan Murphy y Brad Falchuk. “American Horror Story” siempre ha bebido de las referencias sobre el género y de su capacidad por conectar cada temporada con las anteriores. “Chapter 5”, quinto capítulo de la sexta entrega del cosmos de AHS, nos transporta a lo que pudiéramos definir como un largometraje de terror muy comprimido y donde el resto de episodios forman el backstory de la historia. El disfraz de “American Horror Story: My Roanoke Nightmare” ha sido el de la farsa a través de un falso documental plagado de efectismos para, de este modo, brindarnos una alegoría sobre los trucos del terror en ese enfrentamiento entre una doble engañosa y fingida realidad y réplica. Interesa el concepto de trazar una línea desde el recuerdo de la pesadilla y los traumas que ésta generó sobre aquellos que la sufrieron en sus propias carnes. Esa cicatriz siempre se ha limitado a recrear la propia herida pero pocas veces a afrontar su huella sobre la epidermis. En el caso de las terribles vivencias de los Miller no va a faltar absolutamente de nada, como si vivieran en un carrusel del horror gracias a Thomasin White, La Carnicera, y los sangrientos rituales que se desatan en el lugar en la Luna de la Hierba Moribunda… ¿Y qué ocurrirá a partir de este preciso momento? ¿Hemos llegado a la perfecta alegoría de ese sexto y desconocido pasajero de este viaje dividido y estructurado en cinco episodios? Disfrutemos del clímax que nos propone “Chapter 5” y repasémoslo.