Homenaje a Tati desde sus títulos de crédito donde aparece como firmante del guión. No es el único ya que la simbiosis entre realidad y animación se interconecta en una sala de cine proyectándose una de sus joyas: “Mi tío”. Esa escapada y evasión se estable en el truco con el que arranca la película. La proyección de la película que vamos a ver se paraliza por un inconveniente técnico y aparece en escena el mago Tatischeff. Comienza otra película, la película del ilusionista, nuestra otra película al otro lado del telón. Es ahí donde la gran ilusión se nos proyecta como gran metáfora del arte cinematográfico.
Ambientada a finales de los años cincuenta y en el albor del nacimiento de la televisión “El ilusionista” nos habla de la indiferencia del público frente a las ilusiones realizadas por los magos. Parecen no ser los únicos en crisis: funambulitas diminutos, marionetas muertas y payasos que han dejado de llorar. El mundo artístico ha perdido la gracia y magia del pasado. El público parece fijarse en ídolos musicales e iconos generadores de chillidos y se busca en la ilusión el truco. No existe la magia… o al menos ya nadie cree en ella… aunque no para Alice que cree que aquel viejo ilusionista es capaz de traer incluso la nieve y que la magia se genera desde lo gratuito, desde un pequeño rincón del corazón. La realidad para mantener es otra: hay que pasar por caja e incluso malvivir para poder realizar ciertos trucos.










